Valeria, la enfermera que rezó por un paciente sin nombre
Este es un relato de ficción. Valeria es enfermera del turno de noche en un hospital de Guadalajara. Desde hace tres meses cuida a un paciente en coma que llegó sin papeles y al que nadie visita. Cuando el doctor Andrés le anuncia que al día siguiente lo pasarán a cuidados paliativos, ella se niega a dejarlo solo y promete ser su familia durante esa semana.
Esa noche Valeria se sienta junto a la cama con su rosario de madera y reza por aquel desconocido. Después baja a la capilla del hospital y confiesa ante Dios una herida antigua, su padre las abandonó a ella y a su madre cuando era niña. Pide que aquel hombre no muera olvidado y que, si algún día encuentra a su padre, tenga fuerzas para no odiarlo.
Al volver a la habitación, el paciente ha despertado. La mira, reconoce el lunar que heredó de su madre y pronuncia su nombre. Es Ramiro, su padre. Valeria huye a la azotea, donde Andrés la encuentra llorando. Él le recuerda que rezó por ese hombre sin saber quién era y que aquello no fue casualidad. Al amanecer la anima a volver a esa habitación.
Ramiro le confiesa que se fue por cobardía y vergüenza, y que hace tres meses volvió a buscarla, pero se desmayó a dos cuadras de su casa. Valeria entiende que Dios la puso a cuidarlo cada noche sin que lo supiera. Cuando él dice que no merece su perdón, ella le responde que nadie lo merece y que por eso es un regalo. Semanas después pasean juntos por el jardín del hospital.
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