Paloma, la panadera que dio pan a un desconocido

Este es un relato de ficción. Paloma lleva treinta años horneando pan en una pequeña panadería de Puebla, la misma donde amasaba su madre. Una mañana, Víctor, el nuevo dueño del edificio, le anuncia que tiene hasta el domingo para sacar sus hornos porque el local ya está vendido. Paloma le recuerda que el barrio entero come de su pan, pero él solo le contesta que las mesas no pagan renta.

Como cada mañana, Paloma sale a darle una bolsa de pan a Teodoro, un hombre que vive en la calle frente a la panadería. Él reconoce al hombre del traje negro y le pregunta qué quería. Esa tarde Paloma va a la iglesia y le pide a Dios que no le falte la fe y que alguien cuide de Teodoro si ella se va. Teodoro la escucha desde el último banco y sale decidido.

Esa noche Teodoro entra en la oficina de Víctor. Le recuerda las noches en que su madre le cantaba y él pedía la luz encendida. Víctor entiende que es su padre, que lo abandonó veinte años atrás. Teodoro le confiesa que se fue cuando lo perdió todo, que vivió diez años en la calle de la panadería y que Paloma le dio pan cada mañana sin preguntar nada. Le dice que esa mujer le enseñó que Dios no se avergüenza de nadie.

El domingo, mientras Paloma recoge sus bandejas, Víctor vuelve a la panadería. No viene a cerrarla, sino a pagarle diez años de pan, porque el hombre al que ella alimentó es su padre. El local será de Paloma para siempre. Teodoro entra, y los tres se sientan juntos en la vieja mesa de madera a compartir el pan que los ha unido.

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